La familia Kies reconstruyó el edificio medieval del castillo al estilo de las casas de campo holandesas –aunque conservó su sólida torre del homenaje– y durante el setecientos instalaron unos alambiques de aguardiente. Los sucesores de Johan Kies fueron sus propietarios hasta 1899.
El día 20 de septiembre de 1899, Josefa de Torrents Higuera, viuda de Isidre de Sicart Soler, adquirió el castillo a Antoni Kies Muñoz y las tierras vecinas adyacentes a favor de su hijo Isidro de Sicart Torrents, primer conde de Sicart, casado con Dominga Vilar Juera.
El nuevo propietario impulsó las obras de remodelación del castillo en los años siguientes a partir del proyecto del arquitecto Enric Fatjó i Torras, que utilizó piedra de soldón, edificó los balcones y empleó elementos modernistas propios del momento. El proyecto de Fatjó transformó el conjunto en un edificio neomedieval –de influencias estilísticas del centro y del norte de Europa– con amplias ventanas en la planta noble, la terraza almenada y balcones en la torre angular. La torre de los Olzina o del homenaje (la parte más antigua) quedó unida al castillo por un paso elevado y recubierta por su cara exterior.
A la muerte de Isidro de Sicart Torrents el 15 de octubre de 1929, heredó el castillo su hijo Isidro de Sicart Vilar, casado con Josefa Llopis de Pedro. El hijo de éste, Josep Maria de Sicart Llopis, casado con Eugenia Girona Villavecchia, heredó nuevamente el castillo a la muerte de su padre, el 17 de mayo de 1948. Él primero, y sus hijos y nietos posteriormente, fueron propietarios hasta el 22 de octubre de 2005, momento en que el Ayuntamiento se compró.